Esta información se seleccionó con el respeto y ame por aquéllos de nosotros a " La la Voce della Plaza" |
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"Id,
hijos dulcísimos,
corred este Palio El día del Palio (2 de julio y 16 de agosto) la ciudad se despierta temprano. Sabe que un día especial le espera; un día en el cual, a nivel organizativo, todo debe desarrollarse a la perfección porque Siena debe responder a un auténtico asalto por parte de amantes del Palio, de curiosos e inexpertos peregrinos, de excursiones más o menos organizadas de quienes, entre las visitas a Florencia y Venecia colocan, en este día, el "mini circuito" de Siena..., así, para echar un vistazo a los sieneses y a su Fiesta loca que -no se sabe bien porqué- tanto da que hablar al mundo. Obviamente, este tipo de admirador no deja Siena satisfecho porque no ha tenido la posibilidad de llevarse consigo una imagen verosímil del Palio y de las Contradas. También para aquellos que han seguido todos los ritos de los días precedentes -y saben y desean apreciarlos- la jornada empieza pronto. Los contradaioli (miembros de la Contrada), los auténticos, han dormido poco: en parte, para vivir a fondo la vigilia, repleta de emociones y, en parte, porque no quieren perderse ninguna de las citas previas, tan repletas de significado. Se trata de captar hacia qué Contrada se dirige el Palio. Los elementos de juicio para este análisis son: la calidad de la pareja caballo-jinete -el "bárbero" (caballo) situado en un riguroso primer lugar...-, las palabras, y también las insinuaciones, que han susurrado los Capitanes en sus discursos; las sumas de dinero que mueven las Contradas (aunque en el Palio moderno esta sea una variable de menor peso que en el pasado) y la lectura de las "señales" y los "presagios" de los cuales se deduce si la Victoria está ya DESTINADA a alguien. A veces, por pura casualidad, las "señales" se confirman durante la Carrera, pero incluso cuando esto no ocurre nadie se desanima y a la siguiente ocasión volverá a recurrir a las premoniciones que, entre otras cosas, ayudan a hacer menos dramática la espera. A las 8 de la mañana, "Sunto", la gran campana de la Torre del Mangia, anuncia a la ciudad y a sus huéspedes que una jornada excepcional ha dado comienzo. De hecho, son escasísimas las ocasiones en las que, a parte del día del Palio, la enorme campana deja oír su tañido. A los pies de la Torre, jinetes, capitanes y acompañantes asistirán a la Misa del "fantino" (jinete), celebrada por S. E. el Arzobispo de Siena, el cual pedirá a la Virgen protección para hombres y animales en la inminente carrera. Seguirá la sexta prueba o "provaccia", llamada así porque ningún jinete es tan loco como para poner realmente a prueba a su caballo, diez horas antes de la carrera decisiva. Tras la prueba tendrá lugar la asignación oficial de los jinetes que participarán en la carrera. En una sala del ayuntamiento, lejos del clamor de la ciudad en plena ebullición, alcalde, capitanes y jinetes se reúnen para leer los fragmentos más importantes del Reglamento del Palio y para que cada Contrada inscriba a su propio jinete. La operación se realiza mediante la presentación del "giubbetto" (jubón) que vestirá el jinete, seguida de sus méritos y, sobre todo, del mote por el que es conocido. Esta es otra de las reglas no escritas que, como tantas otras, los sieneses respetan. A partir de ese momento, las Contradas ya no podrán sustituir a su jinete, ni siquiera en el caso de que éste sufra un percance. Para terminar, los últimos conciliábulos entre los directivos de la Contrada y entre éstos y los jinetes: se confirman las cifras de los acuerdos, se envían los últimos mensajes a quien podría ser un obstáculo durante la carrera y se hacen las últimas previsiones sobre su desarrollo. En especial para quien estará "di rincorsa", es decir, quien partirá desde detrás de los "cánapi" (cuerdas), dando, de hecho, la salida. Habrá proposiciones seductoras a nivel económico para favorecer o desfavorecer a una Contrada. Mientras, cortejos espontáneos de jóvenes y de muy jóvenes desfilan por la ciudad ensalzando a su Contrada y augurando todo tipo de males y desgracias a su adversaria... La costumbre es no comer en casa: amigos y conocidos más afortunados que viven en el Centro Storico (Casco antiguo) tendrán como huéspedes a quienes no desean perderse ni un instante de la espera que se vive en el corazón del barrio. A primera hora de la tarde, Sunto anuncia a los jóvenes que deben ya "vestirse" con los ricos trajes para participar en el Cortejo Histórico. Para un joven, vestir el uniforme de la Contrada es el máximo honor y es la prueba de la confianza que los directivos han depositado en él. Le sigue la bendición del caballo en el Oratorio de la Contrada: es un momento de una tremenda emoción y el ejemplo clásico de cómo, en el Palio, lo sagrado y lo profano se unen para confirmar la unidad de la Fiesta y de sus muchos significados, más o menos ocultos. El grito del "Correttore" (corregidor) que, como en una invocación exhorta a la bestia a entregarse al máximo ("Ve, y regresa vencedor "), sacude en lo más hondo a "contradaioli" y directivos. La Comparsa (así se llama el grupo de jóvenes uniformados que participará en el cortejo) abandona la sede de la Contrada para saludar brevemente a las autoridades. A continuación, siguiendo un orden preestablecido, se forma la "Passeggiata Storica" (Desfile histórico) e inicia su entrada en la Plaza desde la "Bocca del Casato". Más de dos horas, durante las cuales la tensión va en aumento: el sonido de los clarines y de la Banda del Palio que repite, casi obsesivamente, las magníficas notas del Himno del Palio, el paso lento y solemne del Cortejo, el ondear de pañuelos de todas las Contradas y el tañido de Sunto que acompaña a toda la manifestación, producen emociones que difícilmente pueden repetirse en otra parte del mundo. Y entonces, incluso los menos informados se dan cuenta de que es una fiesta auténtica, del pueblo, que no se hace para los huéspedes, sino que se siente en lo más profundo. Por fin, entra en el Campo el "Carroccio" (Carro), con el Palio ondeando en el centro. Las invocaciones se multiplican, la fiebre aumenta y los sieneses, que han esperado con tanta ansiedad este momento, casi de una manera absurda, desearían que acabara enseguida para deshacer el último nudo. El más importante. Un último vistazo a la banderita de la Torre del Mangia que, para algunos, no ondea a voluntad del viento, sino que muestra una ultima indicación de hacia qué parte de la ciudad se dirigirá el Palio, y, a continuación, la "sbandierata" (juego de banderas) final de todos los abanderados. Por último, un silencio cargado de espera desciende sobre la Piazza. Sunto ha dejado de sonar; los sieneses contienen la respiración y las últimas formalidades se hacen eternas. Los caballos y los jinetes, vestidos con los magníficos colores de las Contradas salen del Cortile del Podestà (Patio del Ayuntamiento). La plaza es una paleta de pintor, un caleidoscopio. Todo el mundo mira en la misma dirección mientras los caballos avanzan lentamente hacia la salida. El orden de entrada entre las cuerdas es importantísimo y se sortea con un sistema que garantiza su secreto y corrección. Por fin, la carrera liberadora; cada uno desahoga las pasiones reprimidas y se hacen gestos impensables un día normal. Los caballos colorean la arena, pero el contradaiolo ve únicamente a su Contrada y parece querer empujar a caballo y jinete. Poco más de un minuto y todo ha concluido: para los vencedores no hay siquiera tiempo de oír por última vez el Himno del Palio y para ver su bandera, la única, ondeando en el Palazzo Pubblico. Todos juntos, abrazados, corren a Provenzano o al Duomo, a cantar un Te Deum tal vez algo desafinado pero más vivo y agradecido que nunca. Para los derrotados, es decir, para todos los demás, la Fiesta se ha acabado. Volverá a empezar dentro de poco con una continuidad que da seguridad, como la de las estaciones. En Siena siempre es la estación del Palio, que trae consigo esperanzas, fe, sacrificio, lucha, amistades... Esta es la lectura más ajustada del "fenómeno" Palio. 75 segundos para la victoria El azote: A la salida del Entrone (vestíbulo) se entrega a los jinetes un azote de rabo de buey, con el que pueden golpearse y obstaculizarse. Los partidos: Acuerdos secretos entre Contradas. La entrada al "canape": El orden se sortea con un sistema que garantiza su corrección y secreto. Un guardia urbano entrega al "mossiere" (juez de salida) el sobre sellado cuando los caballos ya están cerca del "verrocchio" (entrada angosta). El "mossiere" es el único juez, inapelable, del momento en que debe darse la salida y de su validez. La rincorsa: La última Contrada que entra entre las cuerdas determina, de hecho, el momento de la partida. San Martino: Curva, muy veloz, de bajada. En su parte exterior se disponen unas protecciones (colchones) para aminorar los daños en caso de posibles caídas. Casato: La otra curva, en subida, también muy difícil. La llegada: A pocos metros de la "mossa" (salida) una banderita blanca y negra indica la llegada, frente al Palco de los Jueces. El caballo puede vencer incluso "scosso" (sin jinete). |
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